martes, 7 de abril de 2020

SUGERENCIAS PARA RELACIONARNOS CON EL ALUMNADO


PLANTELES CAPACITAN A DOCENTES PARA QUE LA TECNOLOGÍA NO LES PASE POR ARRIBA

Cómo un profesor análogo puede dictar una buena clase digital

Instituciones públicas y privadas están liberando material práctico sobre tele-educación para académicos


La imprevista obligación de subirse a la educación a distancia ha sido un shock para muchos docentes análogos. Pero más allá de los problemas técnicos, el reto ahora es cómo dar buenas clases. "En un curso con un ambiente virtual de aprendizaje, el énfasis siempre debe estar puesto en el estudiante, no en la tecnología. Se debe asegurar un ciclo continuo de la retroalimentación y perfeccionamiento gradual de los desempeños de comprensión por parte de los estudiantes", detalla Alejandra Ríos, vicerrectora académica de la U. Ser.

No es necesario que el profesor sea experto en e-learning, recalca Carolina Pezoa, psicóloga y académica de la U. Central. La clave, dice, es que sepa cómo y cuándo usar las herramientas para brindar una clase dinámica y asertiva: "Inicialmente todo depende de la plataforma que utilicemos, pero sin duda lo principal es la interacción, abrir diálogos y opiniones que nos hagan permanecer en debate".

En este contexto, la Subsecretaría de Educación, junto a diversas casa de estudio con experiencia en formación online, acordaron una alianza para compartir recursos de capacitación docente gratuitos con otras instituciones (detalles en https://bit.ly/2yDW7Mj). Es importante que el profesor organice su curso previo a la clase, que use distintos recursos para activar la concentración y que la información que entregue sea breve, concisa y no de pie a malas interpretaciones: Hay que entender que las clases online no son la transformación de una presencial", recalca Gustavo Pavez, director de Gestión del Cuerpo Académico de Inacap.

En la misma línea, e-Class Academy lleva más de 15 años enseñando de forma online y denominado "Cómo Transformar tu Clase Presencial en Online", disponible para todos aquellos que deseen aprender a hacer sus clases de manera efectiva. Más info en https://bit.ly/2V5Hmth

"Es necesario que las instituciones se preocupen de capacitar y formar a sus docentes para que tengan ciertas competencias que son distintas y que incluyen la capacidad de motivar a las personas a la distancia, interactuar con los alumnos en contextos no presenciales y la capacidad de hacer actividades sincrónicas que no son presenciales", añade Gonzalo Tomarelli, rector de Iplacex.

Fuente:lun.com

lunes, 6 de abril de 2020

EDUCAR EN EL ENCIERRO

por ROBERTO GERMÁN FANDIÑO PÉREZ
Profesor del IES Práxedes Mateo-Sagasta

La epidemia nos ha puesto frente al espejo y lo que vemos es una imagen distorsionada y absurda de nuestro trabajo, una imagen produccionista

Hoy he recibido una carta de la madre de una de mis mejores alumnas. En ella, lo primero que hacer es darme las gracias por no atosigar a su hija con deberes. Me cuenta que ya tiene cinco plataformas de internet distintas en las que enredar para preparar la tarea diaria de su hija. Una locura en una situación de stress como la que vivimos hoy.

Leer esto me ha movido a hacer esta reflexión.¿Qué nos ha pasado estos días? ¿Nos hemos vuelto todos locos? ¿Por qué muchos de nosotros hemos decidido añadir estrés a una situación de por sí ya estresante?

Pienso también en muchos compañeros míos, profesores de secundaria, excelentes profesionales enterrados bajo el cúmulo de comentarios, redacciones, ejercicios y actividades que no paran de llegar diferentes plataformas hasta su escritorio.

Puede que las nuevas tecnologías sean la repanocha, seguramente son herramientas maravillosas con las que se puede aprender mucho, pero hoy por hoy están muy lejos de sustituir lo que es una clase presencial, especialmente con niños y adolescentes.

Una clase es mucho más que contenidos y procedimientos. Una clase es un ejercicio de creación, de improvisación, en donde las emociones, la expresividad el contacto, la sorpresa, el humor y los sentimientos se ponen en juego para dar algo mucho más allá que una mera transmisión de contenidos.

Quien no siente este oficio no lo comprenderá nunca. Por eso hay tanta gente empeñada en pensar que esto puede hacerlo cualquiera o que los profesores pueden ser sustituidos por pantallistas porque...¡total, cómo no trabajan nada!

Debemos pensar mucho menos en esas personas y más en la importancia de nuestro oficio para despertar en la ciudadanía la curiosidad, el amor por el saber y la cultura. Un buen profesor no es asignaturero, si me permiten el neologismo, es un despertador de curiosidad. Si lográramos esto, el saber sería un placer y no una obligación tortuosa.

Debemos pensar mucho menos en los ignorantes que llevan años intentando desacreditar nuestra profesión ante la opinión pública y mucho más en nuestros alumnos. Debemos pensar mucho menos en las programaciones y bastante más en lo que necesitan las personas que se sientan ante nosotros todos los días.

Obsesionados con los resultados, las estadísticas, los informes de los burócratas, muchos de ellos desertores de la tiza porque no saben ni sabrán nunca tratar con alumnos, estamos convirtiendo nuestro oficio en una tarea propia de una novela de Kafka. Nos hemos olvidado de leer en las clases porque no hay tiempo, apenas escribimos porque no hay tiempo, no enseñamos a los chicos a pensar porque no hay tiempo.

La epidemia que hoy nos sitúa ahí afuera nos ha puesto frente al espejo y lo que vemos es una imagen distorsionada y absurda de nuestro trabajo. Produccionista, centrada exclusivamente en la eficiencia y la productividad, como si trabajásemos con máquinas o como si nosotros mismos fuéramos máquinas. Todos volcados en dar una programación a toda prisa y en poner una nota, o dos o tres. Nos hemos olvidado de lo principal: ser humanos.

Así, ante una situación de emergencia, impulsados por unas autoridades que deben creerse eso de que están al frente de una panda de vagos (por eso estuvieron castigados en los centros cuando ya no habían alumnos) nos hemos puesto manos a la obra como autómatas. Todos a discutir y a competir por ver quién tiene la aplicación más eficiente, con mayor capacidad de carga, educación online, conferencias virtuales, diseñadores de tareas.

La carta de la desesperada madre de familia de hoy me ha hecho recapacitar una vez mas sobre muchas cuestiones que acarrea este oficio. Una de ellas es que no hay aplicación, ni pantalla, ni programa que pueda competir con la sensación de estar frente a un grupo de alumnos todos los días y ver sus caras cuando realmente han aprendido algo, han llegado al conocimiento por sí mismos o han acertado en una decisión fruto de su propia reflexión.

Y ese debe ser nuestro reto, el de procurar una educación capaz de hacer a los alumnos pensar, sentir curiosidad, amar el conocimiento. Y para eso, lo mismo nos da una tiza que una pantalla, porque ambos son recursos que bien usados llevan al conocimiento. Téngalo en cuenta los que quieren una educación de esclavos encadenados a las pantallas, vigilados y controlados por el poderoso sistema operativo.

Internet es una herramienta maravillosa, pero sin un bagaje previo de conocimiento y sentir crítico nos desarma y abruma. Y eso es una tarea que deben hacer los humanos, con libros, con ideas, con aplicaciones y con tizas, pero con pausa, con paciencia y con esmero.

Solo así recuperamos la verdadera esencia de la educación, eso que hace imprescindibles a los profesores, a los alumnos y a las familias. Esa formación que no nos impele a competir en una carrera desenfrenada, sino edificar un mundo más humano, mejor, capaz de sobreponerse a la ignorancia, el miedo y la demagogia.

Fuente:ayudaparamaestros.com